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Contra desesperanza, compromiso

Etsipenaren aurka... Konpromisoa

¿Hablamos de sentimientos? ¿Ponemos sobre la mesa los tuyos, los míos, y los suyos? A día de hoy, ¿damos rienda suelta a todos ellos?, ¿dejamos que ellos marquen las pautas de actuación?

A pesar de haber vislumbrado hace unos meses que el proceso de resolución del conflicto podía encaminarse hacia un final acordado por todos los implicados, todo se ha hecho añicos y estos días la injustificable espiral de la violencia vuelve a aparecer en nuestro Pueblo, a nuestro lado, en toda su crudeza: detenciones masivas (más de 100 desde el verano), sentencias y encarcelamientos en los macrosumarios 18/98 y +, amenazas de ilegalizaciones, represiones y conculcación continua de derechos cívicos y sociales, torturas, acciones armadas de ETA, muertes, …oscurecen el horizonte de la normalización política que la ciudadanía vasca reclama.

Vemos un Pueblo sojuzgado, pisoteado, que se revuelve como animal herido,unas veces renunciando, otras haciendo frente, unas atacando, otras culpabilizándose...Pero queremos ir más allá de estas reacciones casi instintivas … o desesperadas, que no provocan cambio profundo alguno en las personas individuales, si no es en reforzar todavía más el miedo y la búsqueda de seguridad y, mucho menos, que conlleven a un cambio profundo en las estructuras que nos encaminen a una auténtica paz basada en la justicia, en la libertad y en el reconocimiento de todos los derechos individuales y colectivos de Euskal Herria y de todos los pueblos del mundo.

Sin duda, mucha gente sentimos una extraña sensación de culpa, vergüenza y tristeza. Sentimos además, una especie de complicidad por nuestra indiferencia y nuestra incapacidad de reacción. En el fondo, no queremos saber nada de encarar una solución justa al gran problema que estamos viviendo y nos da pánico cualquier postura que ponga en cuestión nuestra seguridad. ¿Estamos a la altura del momento que nos toca vivir?

Hay personas que llaman a organizarse y pelear. Otras, a mantener la legalidad y el orden establecido. Unas apelan al “estado de derecho”, como si derecho (leyes) equivaliese a justicia (con la dictadura también era un “estado de derecho”). Otras, a responder con cualquier medio que se tenga al alcance, olvidando que hay que procurar que los medios a utilizar tienen que tender a llevar en sí mismos la justicia que se pretende (la muerte, la tortura, la conculcación de libertades individuales y/o colectivas, políticas y sociales, la violencia en sus diversas formas e intensidades, …, deben someterse a la lupa del principio anterior). Ningún tipo de violencia, ni los juicios de talante político, ni los procedimientos exclusivamente policiales, ni la torturas y malos tratos son caminos de justicia y de paz.

El pesimismo y agravamiento de posturas enfrentadas agarrotan la práctica de una auténtica democracia que, por vías pacíficas, abra perspectivas de convivencia y de respeto a todos los derechos de personas y de pueblos.

Las Comunidades Cristianas Populares (CCP) de Euskal Herria no podemos permanecer calladas en este momento. En esta época en la que celebramos el Adviento, ¿qué esperamos? ¿qué camino estamos preparando? Precisamente ahora y en estos días de dolor, que compartimos solidariamente, se hace más urgente que nunca abrir caminos a la paz, con creatividad, con amplitud de miras, con decisiones que, superando intereses electoralistas y suprimiendo violencias inadmisibles, actúen mirando el bien común de nuestro pueblo y de quienes más sufren el recrudecimiento del conflicto.

Sólo por la vía de la concordia política y social, con el cese de toda violencia, con la solidaridad con todas las víctimas, con el respeto a la justicia, en el diálogo y libertad de expresión y participación sin exclusiones, podemos caminar por las sendas éticas hacia la paz y normalización.

Por ello exigimos la revisión del macrosumario 18/98, dadas sus múltiples irregularidades internacionalmente denunciadas, la libertad de los encausados, así como la de los encarcelados por ejercer su derecho de opinión y asociación con medios pacíficos, y el respeto de todos su derechos así como los de todos los presos y presas y de sus familiares.

Como CCP y miembros de nuestro pueblo, desde nuestra solidaridad con quienes sufren las consecuencias de tantas violencias, abogamos por el respeto de todos los derechos humanos como una vía para la paz desde la justicia que el evangelio de Jesús nos anuncia, proclamando la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y oprimidos (Lc 4,18). Frente a una desesperanza tan humana, nos fiamos de la Palabra y la llamada de Jesús de Nazaret y de su compromiso con quien sufre, con quien está en la cárcel, con quien tiene hambre y sed de justicia, con quien trabaja por la paz (Mt 5, 3-10). Desde esa confianza, nos comprometemos y hacemos un llamamiento al diálogo, a retomar la negociación política, a exigir la AMNISTIA (vaciado de cárceles, supresión de macrosumarios, reconciliación desde la memoria histórica, …)

Comunidades Cristianas Populares de Euskal Herria
Diciembre de 2007